terça-feira, janeiro 10, 2006

REGISTO

O meu Amigo Comandante Marcelino González, oficial prestigiado da Armada de Espanha, galego como os que são - e, para mim, que já o promovi na amizade, na estima, na consideração e na minha iconoclastia, o Grande Almirante das Rias Baixas - companheiro de deserto tunisino et aliud, pois o Marcelino mandou-me este pedaço de prosa sobre farois e sêlos postais. Não me «ordenou» que o publicasse aqui. Ai dele, se o fizesse. Mas, digam-mo depois em comentário que espero, não seria homem de uma só face se o não fizesse. Portanto, ele aqui vai. A. F.


Filatelia y mar

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Faros con historia

Hay muchos lugares que ofrecen excelentes oportunidades para dar un buen paseo, como son los entrañables y solitarios parajes de la costa coronados por faros, desde donde se puede contemplar la inmensidad del mar con su siempre cambiante aspecto. Son lugares que invitan al disfrute del entorno, al descanso y a la meditación. Y son puntos de anclaje de torres de muy variadas formas pero con la misma finalidad: ayudar al navegante. Los faros ayudan a los barcos, y los guían con sus luces por la noche y con sus formas por el día. El faro es un amigo que saluda al marino cuando recala en la costa y le despide cuando se aleja. Y es también amigo de la gente de tierra firme, que por una parte confía en él para que guíe a sus parientes y amigos que trabajan en la mar, y por la otra ve en él el fin de lo conocido - la tierra -, y el comienzo de lo desconocido y misterioso - la mar -.

Posiblemente fueron las mujeres las primeras que encendieron fuegos en los acantilados para orientar a sus hombres que trabajaban en la mar. Ya en el siglo VIII antes de Cristo, había construcciones primitivas por las costas del Mediterráneo, con fuegos que además de luz para la noche, producían un humo muy denso, visible de día a largas distancias. Los fenicios y romanos construyeron los primeros faros fijos por el Mar Negro, Mediterráneo, y Atlántico hasta Bretaña. Pero las invasiones de los bárbaros, la caída del imperio romano en el siglo V, y el azote vikingo, redujeron considerablemente la navegación y el comercio por mar, y se dejaron de construir faros. Para ver nuevas construcciones hubo que esperar hasta el siglo XII, en que la reactivación del comercio resucitó la navegación, sobre todo en Italia, Francia, países escandinavos y Alemania. Aparecieron monjes que mantenían encendidos faros, construidos de forma altruista por ellos mismos Otros en cambio, eran construidos y regentados por particulares, que cobraban por sus servicios a los barcos que los utilizaban como guías para entrar en puerto.

También aparecieron falsos faros; luces puestas por ladrones y piratas en lugares peligrosos para la navegación, que ocasionaban el naufragio de los barcos que se habían fiado de ellas, y representaban una fuente de ingresos para los desalmados "fareros". Con el aumento de la navegación se incrementó la construcción de faros, que tuvo un gran empuje en el siglo XVIII y continuó en los siglos siguientes, para llegar a la gran cantidad de torres que hoy aparecen repartidas por todas las costas. España sin ir más lejos, cuenta con unos 190 faros de cierta entidad. La procedencia de su luz varió con los años: madera, velas, aceite, carbón, petróleo, electricidad, energía solar, e incluso energía nuclear. Con el tiempo recibieron cristales, espejos, lentes, etc., para aumentar su rendimiento y alcance, y la atención diaria que en principio requerían ha ido desapareciendo en aras de la automatización, con lo que la solitaria y romántica figura del farero tiende a la extinción.

Por otra parte, los faros aumentan continuamente sus capacidades con otros artilugios, para hacerlos mas completos en aras de una navegación mas segura (sirenas, bocinas de niebla, repetidores radar, sistemas de navegación, indicadores de dirección y velocidad del viento, estaciones meteorológicas, sistemas de comunicaciones, etc.). Hubo y hay faros con una gran historia, carismáticos y con personalidad propia por su origen, pasado, tamaño, situación, vida, leyenda,... que han sido motivos de sellos de correos, como los que cito a continuación. El Faro de Alejandría fue una esbelta torre de unos l00 metros de alto, construida sobre una base de piedra, con una plataforma en la parte superior en la que por las noches ardía resina y leña. Fue construido por orden del rey Ptolomeo II en la pequeña isla de Pharos - de donde procede el nombre de "faro" -, a la salida del puerto de Alejandría. Obra del arquitecto griego Sostratos de Cnido, se terminó de construir hacia el año 283 antes de Cristo. Fue el primer faro real del que hay constancia histórica, y estuvo considerado como una de las siete maravillas del mundo antiguo. Se mantuvo en pie durante casi mil años, hasta que en el 700 de nuestra era lo destruyó parcialmente un terremoto. Otros terremotos ocurridos entre 1302 y 1394 lo redujeron a ruinas. Muchos de sus restos desaparecieron bajo el agua, y en el año 1480 se construyó en su lugar una fortificación. A finales del siglo pasado, los arqueólogos localizaron sus restos sumergidos. Apareció en sellos de Egipto y de otros países.

El Coloso de Rodas fue una enorme estatua de bronce, que al parecer tenía un pie asentado a cada lado de la bocana del puerto de Rodas, y con la luz de la antorcha que sostenía en una de sus manos guiaba los barcos. Dedicado a Helios, dios del Sol, fue diseñado por el escultor Chares. Se terminó de construir sobre el año 271 antes de Cristo, y fue considerado otra de las siete maravillas de mundo antiguo. Se calcula que podía medir unos 30 o 40 metros de altura y pesar unas 70 toneladas. Lo destruyó un terremoto en el año 224 antes de Cristo. Se dice que los restos que permanecieron a la vista, fueron vendidos como chatarra a un comerciante judío a mediados del siglo VII de nuestra era, con lo que desapareció todo vestigio de aquel coloso. Ha sido reproducido en sellos de muchos países, entre ellos Grecia.

La Torre de Hércules, situada a la entrada del puerto de A Coruña, es el faro en funcionamiento más antiguo del mundo. Es uno de los más importantes de España, y es también una magnífica atracción turística. Lo levantó Caius Sevius Lupus en el siglo II de nuestra era, y desde entonces ha permanecido en su sitio como guía de la navegación. Hecho de piedra, ha sufrido diversas remodelaciones, la última en el 1847. Tiene una altura de 48,5 m. Cuenta la leyenda que Hércules vino a la Península Ibérica a robar los bueyes del monstruo Gerión, y cuando consiguió su propósito se fue a descansar a la esquina noroeste de la península, donde parece que la vida le fue tan bien, que como recuerdo levantó la gran torre que lleva su nombre. Apareció en un sello de España como parte integrante del escudo de A Coruña, con una calavera a sus pies, que es la de Gerión.

El Faro de Eddystone es el más antiguo de Gran Bretaña, y continúa en servicio tras varias reconstrucciones. El primer faro, de madera y piedra, levantado sobre una pequeña roca que quedaba cubierta con la marea alta, empezó a funcionar en 1698, se reforzó con metal en 1699, y fue barrido por un huracán en 1703. En su lugar se inauguró en 1709 otro de granito y madera, que ardió en 1755. Entonces se encargó el tercer faro al ingeniero John Smeaton, que lo construyó como una prolongación hacia el cielo de la roca de la base. Fue inaugurado en 1759, y esta vez fue un éxito que se copió en otros lugares. Pasados 125 años estaba como nuevo, pero la roca de su base se desintegraba y no podía soportar su peso, por lo que se construyó un cuarto faro en sus inmediaciones, y el tercero se desmontó piedra a piedra para ser reconstruido en Plymouth, donde continúa en servicio. Apareció en una serie de Gran Bretaña, conmemorativa del 300 aniversario de su inauguración.

El Faro de Utö es el más antiguo de Finlandia. Fue construido en 1753 en la isla de Utö, en la parte norte del Báltico. Originalmente era una torre redonda troncocónica de piedra, con dos luces independientes, como aparece en un sello finlandés, conmemorativo del 250 aniversario de la fundación de la institución finlandesa de prácticos y faros. La luz de la linterna, en la parte superior, era a base de velas y aceite. La otra, era una luz exterior adicional de carbón, suspendida de una cesta metálica en un lateral del faro. Ha sufrido dos grandes reformas en su estructura, en 1814 y en 1859. Se adaptó a los tiempos modernos, y en 1953 celebró su bicentenario.

El Faro de Cabo Hatteras se levantó en 1870. Es el faro de ladrillo más alto de los Estados Unidos. Mide 60 m., que con la superestructura metálica para la linterna alcanza los 70 m. de altura. Sufrió diversas reparaciones por desperfectos debidos a la meteorología. Construido originalmente a unos 460 metros del agua, la mar fue comiendo la playa y amenazó su integridad, por lo que en 1999 se trasladó tierra adentro. Hoy es también una atracción turística, fácilmente reconocible por ser una torre alta, estilizada y con bandas pintadas, que desde la base a la cima la envuelven en diagonal, como se puede ver en un sello de Estados Unidos. Por esas bandas hoy es conocido como "el mayor anuncio de barbería del mundo".

El Faro de Calella es una bella construcción, levantada sobre un promontorio rocoso de unos 50 metros de altura a la entrada de la población. Su luz alcanza 30 millas, y desde 1916 se alimenta con electricidad, habiéndolo hecho antes con aceite, parafina y petróleo. Es uno de los faros más importantes de la costa mediterránea española. Fue inaugurado el 15 de diciembre de 1859, ha estado en servicio desde entonces, y se convirtió en el símbolo de la ciudad que le da nombre. Es también un punto de visita obligada para el paseante, ya que ofrece unas vistas inmejorables de la población y su playa. Apareció en un sello español de 1986.

El Faro de San Juan de Salvamento fue inaugurado por Argentina el 25 de mayo de 1884. Levantado sobre un promontorio de 70 metros de altura en la Isla de los Estados, era una estructura de madera de forma poligonal. Fue inmortalizado por Julio Verne en "El Faro del Fin del Mundo", y estuvo en funcionamiento hasta 1902, en que las inclemencias del tiempo lo dejaron fuera de servicio. En 1994, el francés Andre Bonner, de La Rochelle, decidió reconstruirlo, y en l997 comenzó el premontaje de un faro idéntico, que en dos meses quedó listo y en funcionamiento en San Juan de Salvamento. En la Pointe des Minimes, en La Rochelle, se construyó otro igual, que fue inaugurado el 1 de enero del 2000, fecha en que Francia emitió un sello en el que aparecen ambos faros.

La Estatua de la Libertad fue un regalo de Francia a los Estados Unidos en el centenario de su independencia. Se levanta en la isla Libertad, en el río Hudson (Nueva York), y en sus comienzos también fue faro. Con una estructura de acero revestida de cobre y un peso total de 100 toneladas, representa a una diosa Libertad de 46 m. de altura, sobre una peana de piedra de 47 m. de alto. La diseñó el escultor alsaciano Fréderic-Auguste Bartholdi, y Gustave Eiffel realizó los cálculos de su estructura. Se terminó de construir y se encendió su antorcha en 1886, y en 1887, la Ilustración Española y Americana comentó que creaba graves problemas a las aves migratorias, que se estrellaban al ser atraídas y deslumbradas por su potente luz. Más adelante fue declarada monumento nacional, y es motivo de gran cantidad de sellos, sobre todo de los Estados Unidos.

Marcelino González

(Nota: Artículo publicado en la Revista “Crónica Filatélica”. Enero de 2004)

1 comentário:

Armando Fernandes disse...

Faroleiros e faróis, sejm eles de onde forem, são entes e coisas que falam do mar, de azeite ou encapelado. Falam de rochedos sobre os quais os vagalhões se despedaçam escumando, na fúria incessante do fluxo e do refluxo marítimo. Falam do fantasmagórico espectáculo de clarões difusos perdidos na bruma, de barcos fantasmas como o Holandês Voador, e de nevoeiros cerrados abafando sons, sejam eles das conchas ou das sirenes de alerta, de gritos de socorro ou de esperança. Falam de imensidades glaucas, de profundezas pelágicas e de abismos insondáveis.

O artigo «Filatelia y mar», de rebuscado e erudito pormenor, do senhor Comandante Marcelino González contém, na sua variedade, parte do meu mundo, e faz renascer diante dos meus olhos, de repente, a minha meninice.

Faz parte do meu mundo porque o meu pai foi homem do mar. Faz parte da minha meninice porque a passei onde nasci, ali na Praia da Figueira, entre Buarcos e a Figueira da Foz.. E foi ali que brinquei na praia com os filhos dos pescadores, e com eles andei na escola primária com o senhor Catulo e o senhor Beirão, professores de enorme paciência e de recordações imperecíveis.

Em verdade, o artigo citado, para mim, fala de homens rudes, com coração de oiro e de coragem indomável, renovada dia a dia na faina de pescar. Fala de camisas aos quadrados multicolores, de redes estendidas na areia, de lanchas, de bateiras, de traineiras, de bonés e de suestes, de encerados e de foquins, de cigarros atrás das orelhas. Fala de mãos fortes e calejadas. Fala de fogeuiras na noite rodeadas de mulheres vestidas de negro a carpir em altos brados, e doutras a gritar pelo filho, pelo marido, pelo noivo, pelo pai ou pelo irmão. Fala das desgraças de naufrágios e da alegria dos reencontros. Fala da Barra da Figueira, com o seu farol de luz crua que a tudo assistia com a impavidez das coisas inertes, e da agonia do faroleiro que torcia as mãos no desespero de mais não poder fazer, ou dos berros de contentamento que lançava quando as embarcações chegavam a bom porto.

Fala das «carreiras» que eu e os outros putos «picavam» no cimo das vagas próximas da praia, e de quando nelas mergulhávamos, de cabeça, nuzinhos como os peixes, com um olho sempre posto nas roupas que fazia uns montinhos na areia, não fosse o temido algoz que era para nós o guarda-marinha aparecer, e pegar nelas para as levar para a esquadra, tragédia que sempre conseguimos evitar.

Fala-me ainda o artigo do senhor Comandante Marcelino González, de quando o meu pai regressava da safra do bacalhau. Da alegria de o ver e de o ouvir contar histórias reais das suas viagens aos bancos da Terra Nova e do Labrador, e ...do «horrível» óleo de fígado de bacalhau, daquele puro, feito a bordo, e não no já engarrafado das farmácias, óleo que teríamos que tomar, eu, minha irmã mais nova e meu irmão mais velho, durante todo o inverno. E contava-nos outras histórias das viagens que fez quando era piloto de longo curso. Fala-me também das histórias que vivíamos em conjunto nas viagens saborosas que fazíamos à Serra da Boa Viagem, em bandos folgazões. Fala-me de quando, por altura do Natal, ali íamos colher auqele musgo verdinho que servia para atapetar o cenário do presépio. E fala-me também dos itinerantes prestidigitadores de talento que faziam movimentar e falar aquelas marionetes que se chamavam «robertos», e que deliciavam, e maravilhavam, tudo o que era malta miúda.. E dos outros itinerantes, o tocador de gaita de foles e o homem do bombo que, em cada Natal, meu pai convidava a lá ir a casa comer qualquer coisa e beber uns copos.

Sim, o artigo do senhor Comandante Marcelino Gonzalez muito teve para me contar e relembrar. Bem hajam o senhor Comandante e o meu cunhado Henrique – o da Lapa – que decidiu «postar» o artigo dele no seu blog.